lunes, 27 de julio de 2020

EL AMOR DE NUESTRO PADRE CELESTIAL (SALMOS 103:13)

EL AMOR DE NUESTRO PADRE CELESTIAL




Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen.
Salmos 103:13 (RVR1960)
The Lord is like a father to his children, tender and compassionate to those who fear him.
Psalms 103:13 (NLT)


INTRODUCCIÓN

En muy pocas palabras, esta porción de La Escritura nos hace referencia a varios conceptos importantes sobre la relación que nuestro Creador desea tener con nosotros. En primer lugar se identifica a sí mismo como un Padre. En segundo lugar expresa un sentimiento hacia nosotros, la compasión. Y finalmente nos informa que cierta forma de temor es crucial para el trato especial que desea tener con nosotros. Veamos en detalle cada uno de estos aspectos, y conozcamos más en profundidad la personalidad de Nuestro Señor.

ESTUDIO

Padre. Una de las formas en que Dios ha decido revelarse a nosotros es mediante la figura de un padre. Lo encontramos en diferentes partes de La Escritura. Por ejemplo cuando Dios hizo su pacto con David, le dijo que sería como un padre para su hijo Salomón (2 Samuel 7:13-15). En el Nuevo Testamento vemos frecuentemente la relación Padre e Hijo en las palabras de Jesús (Mateo 6:32 y Juan 15:9). Así también los cristianos de la primera iglesia se referían a Dios como un padre (Santiago 1:17).

El mismo ha decidido que mediante la fe en Jesús, adquirimos el derecho de ser llamados Hijos de Dios, nos ha hecho parte de su familia, ¡que privilegio tan grande nos ha dado! (Juan 1:12). Se ha mostrado accesible para nosotros en cualquier momento (Salmos 34:18), esto nos describe que la relación que desea tener con nosotros es de tipo familiar, personal e íntima. No es un Dios distante y ajeno a nuestras tribulaciones, es un Dios que escucha nuestro clamor (Salmo 145:18).

Compasión. La compasión es un sentimiento de pena, de ternura y de identificación ante los males de alguien. Es este sentimiento el que nace en el corazón de Nuestro Dios por nosotros, tiene compasión de nosotros por la multitud de sus misericordias (Lamentaciones 3:32). Para identificarse plenamente con nuestras aflicciones, decidió despojarse a sí mismo de su majestad, tomó la forma de un siervo, de un frágil ser humano. En la persona de Jesús experimento todo el sufrimiento que vivimos los hombres (Filipenses 2:5-8).

Ternura. La compasión también se manifiesta mediante la ternura, es decir aquel sentimiento ante las personas que se consideran merecedoras de un amor o un cariño puro y gratuito, por su dulzura, debilidad o delicadeza. Así es como nos ve nuestro Padre Celestial, nos considera merecedores de la más alta estima. Sin que nosotros hayamos hecho algún mérito para ser dignos de su inagotable amor, ha decidido ser misericordioso con nosotros, a pesar de nuestros innumerables delitos y transgresiones (Jeremías 31:3).

Temor. En la frase “de los que le temen”, la palabra “temen” tiene dos acepciones. La primera se refiere a un sentimiento de temor o miedo que puede experimentarse ante alguien de quien somos deudores, y tiene el derecho de presentar un reclamo. La segunda se refiere a una forma de temor reverente, como cuando nos sometemos voluntariamente de una persona en una posición de autoridad. Se usa de forma muy amplia en el libro de los salmos para caracterizar nuestra relación con Dios (Salmos 22:23).

De manera que en ambos sentidos puede ayudarnos a comprender un poco mejor como debemos guiar nuestra dependencia del Dios Eterno. Somos deudores, somos pecadores, por tanto está en el pleno derecho de ejecutar justicia sobre nosotros (Romanos 8:12-13). Pero ha decido ser misericordioso con nosotros, y en lugar de ejecutar la sentencia de muerte como consecuencia de nuestra desobediencia, decidió entregarnos gratuitamente el regalo de la vida eterna, pagando el mismo por nuestros pecados (Romanos 6:23).

Honra. El temor reverente que mencionamos antes, también puede expresarse como honra, es decir una demostración de aprecio que se hace de alguien por su virtud y mérito. Esto debería ser nuestra respuesta natural al darnos cuenta de la magnífica obra de amor que Dios ha hecho por nosotros, no solo por habernos perdonado luego de nuestra ofensas, sino por habernos tenido como dignos de formar parte de su propia familia (1 Juan 3:1). Nos ha hecho herederos suyos y coherederos con Cristo (Romanos 8:17).

CONCLUSIÓN

Dios ha decidido que su relación con nosotros, su creación, sea una relación familiar. Donde el dio el primer paso al expresarnos su amor por medio de la compasión y la ternura, identificándose él mismo con nuestras luchas, y enfatizando nuestra posición de hijos y herederos suyos, junto a Cristo. Tal muestra de misericordia debe provocar en nosotros una inmensa gratitud, debido al reconocimiento que no somos dignos de tal honor. Vivamos de tal forma que honremos a quien entregó su propia vida en rescate por nosotros (Mateo 20:28).

ORACIÓN

Santo Señor, gracias por Su Palabra, y por darnos la oportunidad de disfrutarla. Ayúdenos a comprender con mayor claridad qué tipo de relación desea usted tener con nosotros. Permítanos entender la magnitud del amor que ha expresado por nosotros y responder con una vida digna del gran honor que nos ha conferido, al recibirnos como parte de su familia. Llénenos con su Espíritu Santo para testificar con poder de sus maravillas. En el nombre de su hijo amado Cristo Jesús. Amen.

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA

Dios  le ama, y entregó a su hijo Jesucristo en rescate por usted (Juan 3:16), a pesar que todos los seres humanos somos pecadores, y esto nos condena a la muerte eterna (Romanos 3:23). La consecuencia del pecado es la muerte, pero Dios le ofrece un regalo, la salvación por medio de Jesús (Romanos 6:23). Usted puede ser un hijo de Dios, recibiendo a Jesús como su Salvador, creyendo en su nombre (Juan 1:12), la forma de hacer esto, es confesar nuestros pecados a él en oración; él es fiel y justo, le perdonará (1 Juan 1:9). No espere más, él está tocando la puerta de su corazón en este momento, para iniciar una relación personal con usted, que cambiará su eternidad (Apocalipsis 3:20) Reciba a Cristo como su Salvador hoy.

miércoles, 22 de julio de 2020

CRISTO ROMPE LAS CADENAS (MARCOS 9:23)

CRISTO ROMPE LAS CADENAS




Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
Marcos 9:23


INTRODUCCIÓN

Debido a diferentes circunstancias, podemos experimentar en nuestra vida diversas ataduras, algunas pueden persistir durante muchos años, aún después de conocer a Cristo como Nuestro Salvador. Es relevante para el creyente identificar estas ataduras en nuestras propias vidas y en las de nuestros familiares y amigos. La Escritura nos muestra en muchas ocasiones como Jesús puede librarnos de las cadenas y maximizar nuestro potencial espiritual. Veamos uno de estos casos y apliquemos estos principios en nuestro diario vivir.

ESTUDIO

Un hombre lleno de preocupación, buscaba desesperadamente ayuda para su hijo. Era atormentado por un demonio que le quitaba el habla. Le relató a Jesús todo el sufrimiento que constantemente padecía su hijo por causa de este espíritu maligno. Constantemente tomaba control de su cuerpo, lo sacudía con violencia, y lo tiraba al piso. Con horror este padre observaba como brotaba espuma de la boca de su hijo, como maltrataba sus dientes, y como provocaba rigidez en su cuerpo. La impotencia marcó su vida durante mucho tiempo. De la misma manera, cada uno de nosotros puede presentar sus aflicciones a Cristo (v17-18).

Jesús pidió que le llevaran al muchacho, e inmediatamente el demonio se manifestó. Tenía gran control de su vida, lo había atacado desde que era un niño. Muchas veces este espíritu intento matarlo. Su afligido padre debe haber buscado ayuda desesperadamente, cansado de luchar por tantos años con esta situación. Pero cuando supo de Jesús, su espíritu debe haberse llenado de esperanza, clamó por misericordia, suplicó su ayuda, y recibió una poderosa palabra: al que cree todo le es posible. Esta promesa se mantiene vigente para cada uno de nosotros. Fortalezcamos nuestra fe con la ayuda de Nuestro Señor Jesucristo (v19-23).

Muchas de las dificultades de nuestra vida tienen un origen espiritual. Las soluciones que el mundo nos ofrece siempre serán insuficientes para responder a las profundas necesidades del alma. No perdamos más el tiempo,  la solución definitiva a nuestras penurias es Cristo. Aun cuando nos enfrentemos al más intimidante adversario, las promesas en Su Palabra pueden alentarnos para presentar batalla y salir victoriosos. Con su poderosa palabra, Nuestro Señor ordena a cualquier enemigo que salga y no vuelva más a nuestra vida. Gracias a su poder podemos alcanzar la liberación total de cualquier atadura o cadena (v24-25).

Para muchas personas nuestra situación puede ser irremediable. Quizá nos hayan llamado un caso perdido, sin ninguna esperanza. Nunca faltará quien lance diabólicas frases tratando de minimizar el poder de Cristo en nuestra vida. Alcoholismo, drogadicción, inmoralidad, mentira, sea lo que sea que nos ate. Para los espectadores de este milagro de liberación el muchacho había muerto, para los espectadores del milagro de Cristo en nosotros podemos estar muertos también, pero ningún ser humano tiene la última palabra sobre nuestra situación. Dios sabe cuál es Su Voluntad para nuestra vida, y tiene el poder para cumplirla (v26).

Quizá en nuestra búsqueda de soluciones no topamos con personas que en lugar servirnos de apoyo o ayudarnos a salir de nuestra precaria situación, no hundieron más. Pudimos a ver puesto nuestra confianza en esas personas, y nos sentimos muy decepcionados por su respuesta a nuestra necesidad. No podemos poner nuestra confianza en los hombres, siempre terminaremos lastimados (Jeremías 17:5). Solo hay uno digno de confianza, solo hay uno digno de fe, Nuestro Señor y Salvador Jesucristo. Nunca nos abandonará, tomará nuestra mano, nos enderezará, y nos dará el impulso necesario para que nos pongamos en pie y sigamos (v27).

Luego de haber recibido el milagro de la liberación, vendrán retos mayores a nuestra vida, gigantes que vociferen amenazantes. Por lo que debemos prepararnos espiritualmente para enfrentarlos con el poder de Cristo. Procuremos presentarnos como obreros aprobados, sin nada de qué avergonzarnos (2 Timoteo 2:15).  Es el momento de practicar con rigurosidad las disciplinas que fortalecen nuestro espíritu. La oración y el ayuno forman parte integral de la vida del creyente, y pueden marcar la diferencia entre una vida victoriosa, andando en el Espíritu; y una vida gris, mediocre, llena de temor, siempre escapando de la adversidad (v28-29).

CONCLUSIÓN

Depositemos nuestra confianza en Jesús, entreguemos nuestras cargas a él. No dejemos pasar el tiempo. Acortemos el sufrimiento. Nuestro Señor puede y quiere actuar en nuestra vida, para protegernos de cualquier enfermedad, para proveernos de todo lo necesario, y para cuidar nuestra mente y corazón de cualquier ataque del enemigo. Aun cuando parezca que ya no hay alternativas, y ya no tengamos fuerzas para seguir luchando,  la Escritura nos declara que servimos a un Dios todopoderoso, que hace nuevas todas las cosas.

ORACIÓN

Santo Señor, gracias por Su Palabra, y por darnos la oportunidad de disfrutarla. Ayúdenos a crecer en la fe, de modo que recurramos sin dudar a usted cada vez que enfrentemos un  tiempo aflicción. Llénenos con su Espíritu Santo para testificar con poder de sus maravillas. En el nombre de su hijo amado Cristo Jesús. Amen.

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA

Dios  le ama, y entregó a su hijo Jesucristo en rescate por usted (Juan 3:16), a pesar que todos los seres humanos somos pecadores, y esto nos condena a la muerte eterna (Romanos 3:23). La consecuencia del pecado es la muerte, pero Dios le ofrece un regalo, la salvación por medio de Jesús (Romanos 6:23). Usted puede ser un hijo de Dios, recibiendo a Jesús como su Salvador, creyendo en su nombre (Juan 1:12), la forma de hacer esto, es confesar nuestros pecados a él en oración; él es fiel y justo, le perdonará (1 Juan 1:9). No espere más, él está tocando la puerta de su corazón en este momento, para iniciar una relación personal con usted, que cambiará su eternidad (Apocalipsis 3:20) Reciba a Cristo como su Salvador hoy.