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sábado, 12 de noviembre de 2016

DIOS DE TODA CONSOLACIÓN (2 Corintios 1:3-4)


DIOS DE TODA CONSOLACIÓN



Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo,
Padre de misericordias y Dios de toda consolación,
el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones,
para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación,  
por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 
2 Corintios 1:3-4 




INTRODUCCIÓN

La palabra “Consolar” significa aliviar la pena o aflicción de alguien. Para poder consolar a alguien, en primer lugar debe experimentar la misericordia, debe ser movido en su espíritu hacia las necesidades de otros. En segundo lugar la consolación es circunstancial, no todos requerimos el mismo tipo de consolación. Hay situaciones que frecuentemente enfrentamos en nuestra vida terrenal, que requieren consolación. ¿Le gustaría que el Dios Todopoderoso, lleno de misericordia, alivie todas sus penas y aflicciones? Le invito a recorrer la escritura para buscar las poderosas de declaraciones que Nuestro Señor nos ha dejado al respecto, y comprender mejor la forma en que puede consolarnos en cada etapa de nuestras vidas.

1.      Padre de misericordias. Es especialmente notable que Dios se identifique a sí mismo como un padre, esto pone en evidencia la clase de relación que desea tener con nosotros, no se trata ceremonias o rituales, es un asunto de total confianza. Hay pocas figuras en la vida de una persona que puedan ejercer tanta influencia como un padre, tanto en hombres como en mujeres. Una mirada, un gesto, una palmada, una caricia o una palabra, son suficientes para llenarnos de alegría, confianza, valor, serenidad o gratitud. Fundamentalmente debido a que podemos estar seguros que siempre busca nuestro bien (2 Corintios 1:3).

a.      Estando en aflicción. La aflicción puede llegar a nuestra vida por una amplia variedad de situaciones como: enfermedades, escasez económica, conflictos laborales, pleitos familiares, y desastres naturales. Incluso pueden presentarse múltiples causas simultáneamente. La Biblia nos brinda una respuesta abrumadoramente sencilla a estas situaciones: póngase de rodillas y clame al Señor. Santiago, incluso deja abierto el término que usa, sin particularizar el origen, dándonos a entender que sea cual sea la situación, la respuesta siempre está en el Señor. La respuesta solo viene de nuestro Padre Celestial, y la oración debería ser nuestra primera acción.  (Santiago 5:13).

b.     Buscando socorro. Cuando pasamos por momentos de desesperación, buscar ayuda es un paso fundamental, reconociendo nuestras propias limitaciones como seres humanos, y entregándonos por completo a la voluntad divina. La confianza es otro factor importante, muchas veces ponemos nuestra esperanza en personas que al igual que nosotros pueden fallar, es mejor centrar nuestra confianza en la suprema autoridad del universo, nunca nos desilusionará. Lo más emocionante de este auxilio divino, es que llega en el momento justo, nunca llega tarde, cumple su voluntad siempre. No perdamos tiempo en medidas paliativas, Dios quiere nuestro bien (Hebreos 4:16).

c.      Buscando sanidad. La sensación de impotencia ante los padecimientos de nuestro cuerpo, puede dejar nuestra moral por los suelos. No solo en las enfermedades propias, también cuando afecta a nuestros seres queridos. La enfermedad es producto de la entrada del pecado en este mundo, no fue creada por Dios, pero en su infinita misericordia, nuestro Señor nos ha dejado una puerta abierta para clamar por la sanidad. Podemos dirigirnos con libertad a Dios nuestro Sanador, para presentarle nuestra necesidad. No debería ser nuestra última opción, reservada solo para los momentos en que el médico nos indica que no hay cura para nuestro mal. Dios sana  (Salmos 6:2).

2.      Dios de toda consolación. Dios tiene una infinita cantidad de formas de llevarnos consuelo, recuerde que es un Dios creativo, que hizo que las cosas que vemos existieran con el poder de su palabra. Como muestra, Dios puede usar su palabra, la Biblia, para traernos consuelo, en ella está escrita la completa revelación de Dios al hombre. Dios conoce de primera mano nuestro sufrimiento, puesto que el mismo se hizo hombre y vivió en la tierra como todos nosotros, nadie tiene que explicarle cómo se siente el dolor y la desesperación, lo vivió el mismo en la Cruz, cuando entrego su vida por nosotros. Puede ir directamente a nuestra mente o nuestro corazón y hablarnos con palabras de vida. Dios desea consolarnos en medio de todas nuestras dificultades, basta que nos dejemos ministrar por su Espíritu Santo (2 Corintios 1:3).

a.      Palabra que consuela. En medio de las diferentes tribulaciones de la vida, la Palabra de Nuestro Dios nos brinda consuelo. Recuerde que la Biblia es Palabra de vida, con poder para impactarnos en cualquier circunstancia. Contiene una gran cantidad de promesas para los Hijos de Dios, y muchas veces ignoramos toda esa riqueza, recurriendo a las salidas que este mundo nos ofrece, cuyo fin no es otro que el pecado y la muerte. Sus promesas nos llenan de vida, al recordarnos que esta situación no es el final del camino, que Dios sigue siendo poderoso y puede obrar de manera sobrenatural para nuestro beneficio. Mi Dios puede hacer todas las cosas nuevas (Salmos 119:50).

b.     Enjugará nuestras lágrimas. Como cualquier padre, nuestro Señor se compadece de nuestro sufrimiento, conoce nuestro dolor, y está dispuesto a brindarnos su abrazo de amor y limpiar tiernamente las lágrimas de nuestro rostro. En nuestra vida puede presentarse la muerte, el llanto, el lamento, y el dolor; pero nuestro Dios es más poderoso que todo eso. Cuando satanás no tiene alguna forma de atacar nuestra vida directamente usa la intimidación, como cualquier matón cobarde, trata de nublar nuestro entendimiento y llevarse de nuestro corazón las promesas de la escritura. El sufrimiento pasará, y un día nos encontraremos con Cristo en las nubes, todo lo que nos lastimaba de este mundo, dejará de existir (Apocalipsis 21:4).

c.      Paz para nuestro corazón. La paz de Dios no es comprensible para el mundo, no trate de explicarlo a alguien que no conoce al Señor, simplemente les parecerá una locura. Se necesita al Espíritu Santo en nuestro corazón para recibir esa paz. Muchas veces la aflicción proviene de sentimientos e ideas erróneas en nosotros, de cosas que realmente no existen o que ya no tienen importancia. La paz de Dios guarda nuestras emociones, le da un soporte firme a nuestro corazón para que no caigamos en el desánimo y la depresión. La paz de Dios también guarda nuestra mente de ideas nocivas, ideas negativas que no traen provecho. Busquemos la paz de Dios (Filipenses 4:7).


CONCLUSIÓN

Nuestro Señor es un Padre Misericordioso, decido a mostrarnos su amor en cada etapa de nuestra vida. Cuando pasemos por momentos de aflicción, nuestro Señor nos brinda la oportunidad de buscarlo mediante la oración y la sabiduría de su Palabra. Superando la etapa de aflicción, tomamos la decisión de buscar socorro, y nuestra mejor opción siempre será el Dios Todopoderoso creador del universo, con la autoridad para resolver cualquier situación. Las enfermedades pueden doblegar la voluntad de los más fuertes, pero cuando tomamos en cuenta la poderosa mano sanadora de nuestro Señor, podemos ser testigos de sorprendentes milagros. Podemos encontrar en el Eterno el consuelo que tanto anhelamos, por medio de su Palabra, puede enjugar nuestras lágrimas y traer paz a nuestro corazón.

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA
Dios le ama, y entregó a su hijo Jesucristo es rescate por usted (Juan 3:16). A pesar que todos los seres humanos somos pecadores, y esto nos condena a la muerte eterna (Romanos 3:23). La consecuencia del pecado es la muerte, pero Dios le ofrece un regalo, la salvación por medio de Jesús (Romanos 6:23). Usted puede ser un hijo de Dios, recibiendo a Jesús como su salvador, creyendo en su nombre (Juan 1:12). La forma de hacer esto, es confesar nuestros pecados a él en oración;  él que es fiel y justo, le perdonará (1 Juan 1:9). No espere más, él esta tocando la puerta de su corazón en este momento, para iniciar una relación personal con usted, que cambiará su eternidad (Apocalipsis 3:20). Recíbalo como su Salvador hoy.


lunes, 28 de julio de 2014

FIRMES E INCONMOVIBLES (1 Corintios 15:58)




 FIRMES E INCONMOVIBLES

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano. 1 Corintios 15:58 RVR

INTRODUCCION

La palabra de Dios nos anima a enfrentar la vida cristiana como una batalla, en la que se requiere que seamos firmes e inconmovibles, manteniendo un crecimiento espiritual constante, sin perder de vista que todo lo que hacemos por la obra es tomado en cuenta por el Señor. Le animo a escudriñar en la escritura para comprender estas verdades de forma personal y profunda.

ESTUDIO

Firmes e inconmovibles. Mientras caminamos en la vida cristiana, diversas situaciones pueden hacer tambalear nuestra fe. El Apóstol Pablo nos exhorta a mantenernos firmes. Tenemos una posición que defender, hemos sido comisionados para pelear ahí, y aunque la lucha arrecie, huir no es una opción, mantendremos en alto nuestra bandera, aunque nos cueste nuestro último aliento.

La obra de Dios requiere de hombres y mujeres que se enfrenten cara a cara con el infierno, esto requiere firmeza en lo mental y en lo espiritual. Es una lucha que tendremos que enfrentar todos los días de nuestra vida, y en una campaña larga las emociones pueden traicionarnos, por lo que la palabra nos llama también a ser inconmovibles, es decir imperturbables, actuando siempre por convicción.

Progresando siempre. Mantener nuestra posición no es suficiente, hemos sido llamados a conquistar,  ganar terreno. No aguantamos nuestra posición, que aguante el enemigo, nosotros avanzamos. Satanás solo tiene dos opciones: replegarse y huir o sufrir las consecuencias. En esta guerra no se toman prisioneros, vencer o morir es nuestra consigna. No nos guardamos para otra pelea, entregamos todo en cada enfrentamiento.

El deseo de Dios para los ministerios es que crezcan, el mismo otorgó dones necesarios para realizar diferentes formas de ministerio, a fin de que su pueblo sea entrenado en todas las disciplinas necesarias para lograrlo (Efesios 4:11-13). En lo personal, cada cristiano tiene una batalla que pelear cada día. Me encantaría terminar esa batalla con la solvencia que tuvo el Apóstol Pablo (2 Timoteo 4:7).

Su trabajo no es en vano. En una campaña tan grande como esta, de la que depende la eternidad de las personas, resulta fácil sentir que estamos solos en la playa, como le pasó en alguna oportunidad al Profeta Elías. Pero muchos otros están peleando en esta misma guerra, junto a nosotros o en otros frentes. Dios tiene cuidado de cada operación, de la ubicación de cada unidad táctica ministerial.

El ministerio de la iglesia aquí en la tierra es extremadamente importante, debido a que Dios lo utiliza para cambiar la eternidad de la personas. El alcance de su ministerio puede parecerle pequeño, un grupo con poca asistencia, sus compañeros de oficina, sus vecinos o su familia. Pero nada en la obra de Dios es pequeño, él puede tomar cinco panes y dos peces para alimentar a cinco mil personas (Mateo 14:13-21).

Satanás usa diferentes armas para evitar que los hijos de Dios cumplan con el ministerio que se les ha encomendado, en algunas ocasiones es la pereza (Proverbios 19:24), en otras puede ser el orgullo (Proverbios 21:4), para otros pueden ser las adicciones o cadenas de pecado que nos asedian (Hebreos 12:1); cualquiera que sea el caso, repelamos el ataque y avancemos en la obra.

CONCLUSIÓN

Hemos visto en la escritura que la firmeza con la que debemos enfrentar la vida cristiana, es similar a la requerida por un soldado en batalla, avanzando en todo momento, sin tomar descansos, ganando terreno a Satanás, cambiando la eternidad de las personas. El desanimo y otras afecciones emocionales pueden atacarnos, pero nos consuela que todo en la obra de Dios es valioso y tendrá una recompensa en el cielo.

LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA

Dios le ama, y entregó a su hijo Jesucristo es rescate por usted (Juan 3:16). A pesar que todos los seres humanos somos pecadores, y esto nos condena a la muerte eterna (Romanos 3:23). La consecuencia del pecado es la muerte, pero Dios le ofrece un regalo, la salvación por medio de Jesús (Romanos 6:23). Usted puede ser un hijo de Dios, recibiendo a Jesús como su salvador, creyendo en su nombre (Juan 1:12). La forma de hacer esto, es confesar nuestros pecados a él en oración;  él que es fiel y justo, le perdonará (1 Juan 1:9). No espere más, él esta tocando la puerta de su corazón en este momento, para iniciar una relación personal con usted, que cambiará su eternidad (Apocalipsis 3:20). Recíbalo como su Salvador hoy.