domingo, 23 de mayo de 2010

OBEDIENCIA, HUMILLACIÓN Y SANIDAD (2 Crónicas 7:11-22)




OBEDIENCIA, HUMILLACIÓN Y SANIDAD (2 Crónicas 7:11-22)

“si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” 2 Crónicas 7:14

INTRODUCCIÓN

Dios permitió a Salomón construir un hermoso templo, donde se adorara su nombre continuamente. Pero en su divina sabiduría advierte al pueblo respecto de las cosas que son más importantes. La prioridad en el corazón de Dios no es edificar templos materiales hermosos, sino edificar corazones obedientes en aquellos que le reciben como Señor y Salvador. Las bendiciones de una vida de obediencia pueden perderse si nuestro corazón se aparta del Señor, pero aun es nuestro rebelión, Dios sigue siendo misericordioso y promete sanarnos de nuestra maldad si nos arrepentimos y nos humillamos ante su gloria.


ESTUDIO


Caminar conforme a la voluntad del Señor tiene beneficios, sin importar la cuantían en la que estos se materialicen, ya que dependen totalmente de la gracia de nuestro Señor y no de nuestras obras, la historia de Salomón, Hijo de David, Rey de Israel, nos proporciona un ejemplo de la prosperidad que solo nuestro Dios puede otorgar (v11).


Dios hablo a Salomón de noche, para confirmarle que estaba complacido con la obra que había realizado al construir un templo para él, pero de ninguna manera podemos impresionar a Dios con nuestras obras terrenales, lo que había tocado el corazón del Señor fue la actitud en el corazón de Salomón, busco ofrecer al Señor solo lo mejor, no permitió nada que menos que la excelencia (v12).


Pero aun con un rey de corazón noble, apasionado por el Señor, como Salomón, el pueblo de Dios sigue levantándose en rebeldía, y no puede pasar desapercibida a los ojos de Dios, que es justo y santo, y enviará su juicio, en forma plagas y diversas adversidades (v13).


El pueblo cristiano tendrá que padecer diversas pruebas mientras se encuentre en este mundo caído, como la delincuencia, la escasez, la injusticia y el menosprecio, y pueden presentarse con tal fuerza, que dañen la moral y aparezcan pensamientos de frustración, dolor, derrota y miedo. Pero aún en la tribulación, Dios sigue teniendo cuidado de su pueblo, y ofrece una maravillosa promesa de sanidad, cuando nace en el corazón del hombre un arrepentimiento genuino, y una total humillación ante su soberanía (v14).


Las promesas del Señor siguen sobre el pueblo, y promete estar atento a las situaciones por las que tenga que pasar, observar con atención sus hechos y escuchar sus oraciones, pero la obediencia sigue siendo una condición fundamental para la bendición del Señor (v15).


El Señor se refiere en esta porción de la escritura, al templo que construyo el Rey Salomón, pero el cuerpo de cada cristiano se constituye en templo y morada del Espíritu Santo, cuando le recibimos como nuestro Señor y salvador (Efesios 2:22). De esta manera las promesas de “elección”, “santificación”, “eternidad”, “cuidado” y “amor” de este versículo también se aplican a los nacidos de nuevo (v16).


La historia bíblica nos muestra la vida de muchos hombres y mujeres de Dios, como David, que tomaron la determinación en su corazón de caminar de forma agradable al Señor, en esta porción se anima a Salomón a andar como su padre, a vivir en obediencia y humildad a Dios, para que su gobierno sea prosperado (v17-18). Podemos abandonarnos a la gracia del Señor cuando nuestra vida esta marcada por un profundo respeto por su Ley (Salmo 37:5), pero seguramente en algún momento de nuestra vida, nuestra carne nos llevará a levantarnos en contra del Señor, en ese momento debemos humillarnos, escuchar su voz y apartarnos del mal (Proverbios 3:7).


El Señor merece un lugar de exclusividad en nuestra vida, en donde podamos decir con total libertad que es nuestro “Señor” y gobierna con completa autoridad sobre nuestra existencia, relegar a Dios a una segunda o tercera posición nos expone a múltiples padecimientos, pero el peor de todos es, sin lugar a duda, una eternidad de condenación, separados de él por siempre (v19-20).


La bendición que Dios trae a la vida de los creyentes, cuando toman con valor el reto de vivir en santidad, puede perderse. Aquellos que participaron de estas bendiciones y posteriormente decidieron entregarse al mundo y a su pecado, sin duda caerán en maldición y producirán horror por su situación en quienes los observen (v21-22). La Palabra expone con claridad que nuestro Dios disciplina a los que toma por hijos (Hebreos 12:7), si no lo hiciera no sería un buen padre.


CONCLUSIÓN


Roguemos al Señor que nos de un corazón obediente a su Palabra, pero si llegamos a apartarnos, humillémonos al Señor, reconozcamos nuestro pecado, pidamos su perdón, apartémonos del mal, y él enviará su sanidad divina a nuestra vida.


LA DECISIÓN MÁS IMPORTANTE DE SU VIDA


Si usted aun no ha recibido a Jesús como su Señor y Salvador, le invito a hacerlo. Todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Estamos condenados a la muerte por nuestro pecado (Romanos 6:23), pero nuestro Señor nos ofrece un regalo, la salvación. Solo debemos confesar nuestros pecados, y él nos perdonará, y nos limpiará (1 Juan 1:9). Y nos convertirá en sus hijos (Juan 1:12), haciéndonos una nueva criatura, una nueva creación para Su Gloria. El Señor mismo le ofrece esta salvación hoy (Apocalipsis 3:20).





Que Dios le bendiga.



Atentamente


Darío Eguizábal